martes, 28 de octubre de 2008

Al señor se le sale el cuerpo

 Señor se levanta con el dedo molesto. Una molestia abajo de la uña. A señor se le duerme la mano, se sube al colectivo y le tiemblan las piernas. Cuando quiere bajar toca el timbre con su mano y no la reconoce, parece la mano de otra persona. Cuando baja del colectivo siente ajenas las rodillas. Sentado en el trabajo mientras dialoga por teléfono, escucha las palabras que dice con otra voz que no es la suya. Su cuerpo se está escapando de lugar, se le corre un poco y parece que es el de otro. Asustado narra a los compañeros su problema. Todos concuerdan que inventa alguna dolencia para hacer su vida menos aburrida. Señor sí es aburrido. Igual está ofendido. Convencido va al médico con su dolencia.

Relata al médico que de su familia heredó la calvicie, el corazón débil, el malhumor de mamá, la introspección del abuelo, pero siempre todos sus parientes permanecieron en sus cuerpos.

Esto es suyo. Quizá consumió algún veneno con la comida. Quizá alguna hierba del té tenía algún agroquímico. Quizá el tomate transgénico. Quizá el relleno de la milanesa de soja, que nunca es milanesa de soja; algo sacó  su cuerpo de lugar. Médico escucha con paciencia y sin gesticular. Cuando Señor termina, médico da vuelta su silla dejando a la vista solo su gran espaldar y revisa un armario. Sin que señor lo vea, pone 29 aspirinetas en un frasco marroncito con tapa blanca de plástico. Anota en el rótulo un nombre químico inventado, se da vuelta y lo entrega a Señor. Le dice que lo tome unos días, que el efecto es inmediato, pero por las dudas un par de días. Señor va a su casa sientiendo que su cuerpo lo acompaña atrás. Y cada vez se atraza más. Con miedo de perderse de sí mismo, señor espera en cada esquina dos minutos hasta sentirse completo. 

Cuando llega a su casa, se acuesta en la cama, y se toma una pastilla. Lentamente siente que su cuerpo se acomoda adentro suyo. Mientras se va mejorando, pone Cry baby de Janis Joplin a todo volumen en el equipo y se acuesta. Se acurruca, llora de angustia, se muerde la puntita de la uña y piensa; menos mal que fui al médico, menos mal... 

3 comentarios:

Ailin dijo...

Me suena, me recuerda a algo que lei una vez de Cortazar creo. Me gusta como escribis... la forma de relatar sensaciones cotidianas.
Ahora quiero escuchar a Janis.
Comentario aparte, devolucion de gentileza dicen por ahi.
Saludos!

Imperfecta dijo...

Para mi que la molestia que tiene bajo la uña se llama soledad. Conozco un Sr. así, soliatio y aburrido, capaz de andar con zapatos dos números menos para sentir al menos un ratito de felicidad al final del día, cuando se los saca...


PD: Tibio... hay barquitos en los lagos de palermo? mates y pepitos buena combinación.

Anónimo dijo...

ay Fernando...