lunes, 7 de abril de 2008

Sincronías y diacronías.

Hoy me dejé la pizzini que entra en la mochila durmiendo en la mesa ratona. También me olvidé las fotos que tenía que llevar, seleccionadas cuidadosamente. La credencial de la empresa, desayunar, ir al banco para sacar plata para poder desayunar en la facultad, donde no bancos, no cajeros, no nada.
Llego a la parada temprano. Voy a llegar antes de la profesora. Perfecta sincronía. Después hago lo mismo para el trabajo. Y van a pensar que soy el ser ejemplar.
Pero Buenos Aires a veces es como un gran colectivo, apestado de gente, malos olores, quejas. Señor, este colectivo va muy despacio. Señor va muy rapido, que las frenadas repentinas. Señor, bájeme en la parada , o no, mejor en esta cuadra.Señor...

Ibis Campos sale de casa, pensando que llega tarde a su clase.

Y Buenos Aires es una larga cola. Todos hacen cola, para todo. Es la consigna. A hacer cola. En la cafetería hay cola. Paso.
Llego al aula, me siento en el escritorio, tiro mochila, miro el río. Falta. Viene uno que no conozco, pregunta que que había que hacer. Yo que me sentía orgulloso de llegar temprano, ahora estoy más orgulloso porque no soy el más colgado. Yo solo me olvidé unas cosas.
Pinta sueño. Se cierran mis ojos.
El compañero ve mi cabeza caer en el escritorio, contra mi mochila azul. Seguro piensa que soy un colgado, y que suerte que el solo se olvidó de traer las cosas, llega tarde, pero no se va a poner a dormir ahí, en el aula.
En esos 20 minutos, Ibis Campos acorta la distancias que la separan de sus alumnos, que ya esperan con todas sus fotitos y sus boligomas arriba del escritorio.
Abro los ojos, me hago pis. Me levanto, la profe no llegó. Salgo para ir al baño.

Dos personas se chocan en la puerta de un aula, la profesora que está llegando tarde y se apura por entrar. El alumno con cara de dormido que ve a la profesora y se hace pis. Se tendría que quedar, porque ya llegó la profesora, pero las vejiga...
La profesora piensa: este vago que me ve llegar, y quiere salir igual, encima que tenemos poco tiempo...
El alumno piensa: señora, hace media hora que la esperamos y encima me mira con cara de ojete, ¿que le pasa? por lo menos un "disculpen la demora", que yo no desayuné por llegar temprano...
...a ver, a ver, permisito que me voy a hacer un pis...

Profesora y alumno se cruzan y sincrónicamente piensan: este no me gusta nada, mientras se esquivan en la puerta.
Durante la clase profesora le pedirá a alumno ciertos materiales, que alumno dejó olvidados en su casa.
Profesora pensará: este tipo es un vago, entra y sale del curso cuando quiere, no trae las cosas, no se preocupa, seguro vive en un prostíbulo, permanentemente drogado...
Alumno pensará: Tipa de mierda, encima me reta, si supiera las fotos que saqué y me olvidé. Si tuviera un teletransportador buscaría las fotos y se las resfregaría en la jeta.
Si tuviera un teletransportador, también tendría un desintegrador y chau profesora.
Si tuviera un teletransportador, mejor me teletransporto a la India, no, hay conflictos, mejor a alguna isla, después lo vendo y chau profesora, chau trabajo, chau facultad y...

Salgo de la facultad un ratito antes, para tomar el cole con tiempo, y no llegar al trabajo tarde.
Pienso que soy muy vivo al adelantarme a la salida y a toda la gente que sale a la misma hora que yo.
Llego a la parada. Hay 300 vivos más.
Espero, me apachurro entre la gente, tengo calor. Llega el colectivo. En vez de abrir la puerta, el colectivero ve la cola, apaga el colectivo. Se baja, prende un pucho. Nos mira.
Colectivero piensa: mirá la cantidad de pelotudos que se van a subir a mi colectivo limpio a ensuciar y preguntar; señor, ¿este, usted va por plaza italia?
Pelotudos pensarán: ¿es este el 160 que va por plaza italia? ¿porque tarda tanto en salir?

Avanza la cola, pelotudos se amontonan y hacen colas paralelas que se confunden como laberintos. Es el arte de hacer cola.
Subo al colectivo. Veo la hora. Es tarde. Uno hace todo para llegar temprano, y es tarde. Mando un mensaje a mi amiga, que siempre anda con el celular en la mano. Mientras tanto me aplastan contra la ventana del colectivo.
Yo pienso:
menos mal que no traje la pizzini, sino ya serían 3 reglitas...
El que me aplasta piensa: este flaco y su mochilita, se la saco a piñas...

En la otra punta de la ciudad suena un celular en una cartera. La dueña acaba de entrar al trabajo, con minutos de sobra se toma un café en la cocina. El celular vibra. Es un mensaje que dice "avisá que llego tarde" ,pero ningún celular es visto por ahora.
15 minutos después cruzo las puertas de la librería, tan grande, tan linda y tan puta.
Me cruzo con la gerenta,
- ¿te avisaron?
-¿que cosa?
- que estaba llegando
- No. de todas maneras, hace lo que quieras, es tu vida, es tu trabajo, tomátelos como quieras.

2 minutos después el empleado que llegó tarde baja por las escaleras mecánicas . Se cruza con el subgerente, que justo sube por las escaleras de al lado. Se rie, dice:
-che bolu, ahí me dijeron que llegabas tarde, ahora le aviso a Andrea, así no te reta.

Tengo hambre, tengo sueño. Tengo fastidio y recién me puse la corbata. Faltan 7 horas 30 min para la libertad.
Me toca fastidio hasta la noche.
La tarde pasa.
La noche.
Salgo.

Dos personas caminan por la calle. De repente escuchan una persona cantando cosas en inglés, tiene fea voz y no se le entiende nada. Piensan "ese está loquito"

Paso a dos personas, pienso que tendría que dejar de cantar, pero después de hoy, no me importa, que piensen lo que quieran, ellos harían lo mismo.
Llego a mi casa, abro la puerta, prendo la luz. Escucho al perro venir, y me acuerdo que lo tengo que pasear.
Veo la pizzini en la mesa ratona, esperándome. Pienso menos mal que no la llevé, es tan linda, y seguro que en el colectivo se rompía toda. Que bueno que se quedó ahí, en la mesa ratona. Está enterita, la pizzini.

Una pizzini espera en la mesa ratona de una sala, en un departamento. Esperó todo el día. El cuarto está oscuro. Se escucha una llave, se abre la puerta. Se ilumina el cuarto. Aparece el boludo con la mochila azul, donde la pizzini suele viajar toda apelotonada entre los libros, esa mochila es como Buenos Aires, todos los elementos y los apuntes quieren ir ahí. Todos amontonados en esa mochila olorienta. Hay otros bolsos vacíos, pero ese es el que siempre se llena.
Y ella no fué hoy. Pero no es su culpa. Es el boludo que se la olvidó. Y encima el boludo debe estar enojado porque la pizzini se quedó en la mesa ratona.

El perro escucha que llega el dueño. Se acerca. Lo ve mirando a una regla. Esa misma regla que se quiso comer toda la tarde, pero por fiaca la dejo ahí nomás.
Piensa "che boludo, ¿a que hora me llevás a pasear?"


4 comentarios:

Clara España dijo...

crucial momento laboral, pst, más colorido parece ser, en contra de mi voluntad comienzo a extrañarlo

Velas a Balzac dijo...

Me cruzo con la gerenta,
- ¿te avisaron?
-¿que cosa?
- que estaba llegando
- No. de todas maneras, hace lo que quieras, es tu vida, es tu trabajo, tomátelos como quieras.

¿Así es ahora la librería más puta del país? Igual yo no la extraño. Para nada.

Anónimo dijo...

muy buen relato, de tintes casi antropológicos podría decirse...
nt.

Anónimo dijo...

ahi va! llena de razon la pizzini! (que ni siquiera sabe que safo)