domingo, 25 de enero de 2009

Fauna Interna

Existe un ser que vive dentro de mí como si fuese su casa. Se trata de un caballo negro y lustroso que a pesar de ser lentamente salvaje -pues nunca vivió antes en nadie ni jamás le pusieron riendas ni montura - a pesar de ser enteramente salvaje tiene por eso mismo una dulzura natural de quien no tiene miedo: come a veces de mi mano. Su hocico está húmedo y fresco. Beso su hocico. Cuando yo muera, el caballo negro se quedará sin casa y va a sufrir mucho. A menos que él elija otra casa y que esa casa no tenga miedo de aquello que es al mismo tiempo salvaje y suave. Aviso que no tiene nombre. Basta llamarlo y se adivina su nombre. O no adivina, pero una vez llamado con dulzura y autoridad, acude. Si olfatea y siente que un cuerpo-casa esta libre, trota silenciosamente y acude. Aviso también que no se debe temer a su relincho: uno se engaña y piensa que es uno mismo el que está relinchando de placer o de cólera, uno se asusta con el exceso de dulzura de lo que es por primera vez.

De Aprendizaje o el libro de los placeres 

2 comentarios:

Isabel Querube dijo...

Pero cómo es eso de utilizar dulzura y autoridad al mismo tiempo?

Anónimo dijo...

... a pesar de ser enteramente salvaje tiene por eso mismo una dulzura natural de quien no tiene miedo: come a veces de mi mano.... me hace acordar a algo... o mejor dicho a alguien... Besos, yo, jeje (la de rosa)