Día largo. A la cama con muchas frazadas.
Voy al baño, prendo la luz.
Espejo, cepillo de diente, dentífrico.
Abro el agua.
Cierro el agua.
Casi ahogo a un pobre bichito bolita. El bichito patas para arriba, tratando de rescatar su compostura mientras se saca las gotas de encima.
Para mí son gotas, para el pobre son terribles burbujas gigantes y acuosas (no te ahogues en un vaso de agua dicen...)
Miro al bichito, no se da vuelta, sigue patas para arriba, pegoteado en la gota. Para mí, si lo dejo; se pasa al otro lado.
Le hablo. No lo conozco, así que educadamente le aviso que si el Sr bolita no recupera la compostura puede fallecer en las próximas horas.
Mueve las patas, pero no contesta.
Interpreto que por ahí no habla, o no le pinta hablar conmigo.
Igual interpreto que una manito no le viene mal.
Con todo el cuidado, dejo trepar el bicho en la punta del dedo. Lo llevo a la altura de mis ojos, lo miro. Chiquito, muchas patas, medio transparente. Un bichito. Chiquito. Lo dejo en el borde de la pileta y que haga su vida.
Me olvido del bichito, me lavo los dientes. Me lavo la cara, me refriego la toalla.
Vuelvo hasta el espejo, me muevo;
pisé algo.
Que cagada.
Tanto 911 para el bichito y después lo recontra piso.
3 comentarios:
Hola!!
Jajaja, pobre bichito! Al menos intentaste salvarlo :)
Beso y buen domingo!!
Lo que vale es la intención, ja!
Si ahora te persigue la culpa, echale la culpa al destino...
Besos
peor el remedio que la enfermedad.. jajaja
que capo..
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