domingo, 4 de mayo de 2008

La puerta que separa

En un hotel de avenida de Mayo, como en tanto otros, hay puerta corrediza. De las automáticas. De las que tienen sensores de movimiento y se abren, lógicamente, cuando las personas se mueven a su alrededor.
En este hotel particular, trabaja un amigo. Las primeras veces que fuí nunca me percaté de la utilidad de la puerta. La puerta se abre y se cierra. Entra gente, abre puerta. Sale gente, cierra puerta. Y punto.
Una noche, sentados en los sillones vemos un borracho llevarse la puerta por delante. La puerta tardó unos segundo en abrirse, el borracho no calculó, y su cara estampada en el vidrio.
La puerta no es puerta. La puerta percibe algo más, que no se qué es. Y abre cuando quiere.
Es la puerta que diferencia entre el tipo de gente X, y el tipo de gente Y. A los Y les abre, a los X no. Pero como es puerta de hotel, y al los hoteles generalmente va gente normal, la puerta normalmente abre.
Algunas veces la puerta no abre, porque le pinta no abrir. Y la gente golpea sus narices, y ofendida busca al encargado de la puerta, para que se la abran. Hay un encargado de controlar que la puerta automática se abra. Y es automática.
Son pequeños agujeros negros, pequeños abismos que pasan ignorados.
Cada vez que voy al hotel, cuando estoy llegando, imagino mi cara golpeando el frío vidrio de la puerta, que no me deja pasar. Hasta ahora soy Y, así que paso siempre. Pero un día me puedo levantar X, y mi cara contra el vidrio. Hasta ahora no paso, pero puede pasar.

1 comentario:

Imperfecta dijo...

Malditas puertas diferenciadoras... he padecido alguna, seré anormal?

Muy lindas fotos!!!!


Besos