lunes, 28 de abril de 2008

Lo que no se dice de los Barcos suicidantes

El común de los barcos dejan puerto con todos sus componentes intactos.
Algunos están destinados a viajes cortos, sin peligros ni tormentas. Van llenos de joviales almas que nunca vieron las sombras.
Otros barcos son hechos con duros martillazos. Cuando salen del astillero tienen el único destino de sobrevivir duras tormentas o hundirse en el mar.
Cuando zarpan, llevan solamente algún alma vieja de vida gastada. Las velas son como alas rotas, que no soportan los vientos y se quiebran. Los tripulantes que lleva a bordo en algún momento se arrojan voluntariamente al mar, sin que nadie lo pida. Corren por cubierta y se arrojan. Pequeños seres que corren por una cubierta metálica en la noche, y se arrojan a un mar negro que los absorve. Mientras el barco continúa su viaje solo. Sin velas. En el mar profundo. En el mar donde no flotan hojas de otoño. Donde los horizontes son sólo líneas de infinito, luces como pálidos fuegos rojizos y amarillos en distancias infranqueables.
Así que los barcos recorren mares enteros, siguen corrientes mientras se llenan de óxido y soledad al compás de Glenn Gould. Pero no el Glenn Gould de las variaciones Goldberg. El Glenn Gould que interpreta Wagner.
Imaginen ahora un barco solitario, toda su tripulación voluntariamente se arrojó al mar. Este barco solitario siguió vagando por los mares, sin velas, sin rumbo, sin horizonte. Un punto perdido en el infinito. Su coraza golpeada por las holas se oxida y se llena de pequeños moluscos que pronto invaden y se vuelven duros como piedra, escondiendo para siempre la verdadera piel.
Imaginen un barco abandonado, perdido en el mar infinito, de noche, sin luces. Un barco donde resuenan violines y pianos cargados de profunda serenidad que nadie jamás escucha. Serenidad que se vuelve silencio y muerte.
El barco busca una piedra para chocar, busca que el agua se filtre y lo sumerja en el profundo océano donde nadie jamás lo encuentre. Pero el mismo océano lo quiere y lo traiciona. Con sus moluscos lo provee de una pared resistente, de manera que no se filtre una gota. El interior del barco es una tumba de silencio, polvo y soledad donde jamás habitará otra persona, y ni siquiera se inundará como consuelo, ni siquiera el agua salada tapará la miseria de la soledad.

Hay barcos que navegan décadas, perdidos en los vastos mares. Esperando hundirse, ser abordados, esperando tocar algún puerto. Pero para estos barcos no hay puertos. Y sólo unos pocos son rescatados. Son sólo fantasmas que adornan la vida y desaparecen para siempre.

Hay un barco en el puerto anunciando salida. Sus velas son pequeñas y aletean en el viento de la noche.
En el mar, se vislumbran ciellos de guerra, y mareas revueltas. Pero este barco tiene que zarpar .
Todos a bordo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

las fotos del costado son tuyas?
son re lindas

nunca me dijiste qué foto me robaste.