En algún momento me percaté de que llovía.
A diferencia de otras lluvias, menos amenas, esta no afectaba mi usual indiferencia hacia el mundo.
Cada mirada acompañada con música parecía la toma de una película, que todavía no hice.
En algún momento, dejé de ver las luces de los faroles, y sólo veía las pequeñas gotas iluminarse alrededor. Como si el cielo fuera un lienzo y las pequeñas gotas trazos de pintura, pintados con simetría y esmero. Y obsesión.
En algún momento dejé de ver las gotas, cayendo en el piso. Empezaron a caer en cámara lenta, y todas se rompían y dando saltos de un lado a otro, se convertían en más pequeñas. Y así, una tras otra desaparecen de mi humilde vista.
Gota, gota, gota.
Todas golpeando el piso, una tras otra, y rompiéndose, formando pequeñas plantas de agua que desaparecen en un segundo. Con una cámara imaginaria saco una foto. Y la calle no es calle. Es un camino de plantas de agua, cristalinas, formado por miles de diminutas gotas, cada vez más diminutas, rompiéndose en el espejo azulado de la calle con el paso de los autos.
Los autos pasan y se llevan la lluvia, la transladan de un lado al otro, donde pequeñas gotas vuelven a caer y forman otras pequeñas plantas, más pequeñas, que mi simple vista ignora. Y sin embargo sabe que están ahí. Porque ahí están. En la calle. En los árboles. En los autos. En los techos, en mi pelo, en mi ropa. En todos lados, todo lleno de pequeñas plantas de cristal.
Desvío mi vista, y gotas caen en un pequeño charco. Sin embargo ese pequeño charco es habitado por miles de gotas que se niegan a desaparecer, y todas complotadas forman un charco, y ese charco es tan grande y tan pequeño como el universo.
Con cada nueva gota que cae en el charco, se forman pequeños y perfectos círculos, como una vocal "o". Como un coro formado de una vocal, que se repite con la caída de cada nueva gota, como un festejo.
En algún momento la calle estaba desierta de vida.
En algún momento la calle estaba llena de pequeñas plantas de cristal, que se repetían hasta el infinito.
En algún momento el cielo se convirtió en un lienzo, donde un pintor obsesivo pintaba miles de lineas pequeñas y simétricas alrededor de un faro.
En algún momento un pequeño charco se convierte en universo.
Y mi boca semiabierta, imita pequeños círculos concéntricos, emitiendo una simple vocal con cada gota que golpea mi universo.
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