jueves, 17 de enero de 2008

Iteraciones

Un viajero quiere ir de un lugar a otro. En vez de desplazarse en forma continua, elige un método distinto a los métodos usuales que se suelen usar al viajar. En el primer tramo, recorrer en una sola vez la mitad del camino, sin frenar, llevándose todo por delante, sin importar que o quién. Arrasar con la vida, tumbar muros a golpazos, desafiar a la muerte, siempre con la mirada al frente.

Después detenerse, para luego recorrer la mitad del camino que queda, y frenar a contemplar algo. Sacar un foto, pensar, escribir una líneas. Y otra vez empezar a caminar, con la idea de recorrer nuevamente la mitad del camino que queda. Frenar, pensar y otra vez retomar el caso, con la misma regla. Frenar a la mitad del camino. Hasta que llega un punto, donde el viajero se da cuenta que ya no existen mitades, camino, o final, que su cuerpo es demasiado grande y la fracción de espacio por recorrer es demasiado pequeña, que el principio y el fin son el mismo punto, las calles se repiten, las ciudades son las mismas. Así que solo le queda pensar, observar y esperar que su cuerpo se diluya en pequeños fragmentos, para que ahora sí sus pequeñas fracciones puedan seguir cubriendo los pequeños fragmentos de recorrido que le quedan. Y en algún momento, cuerpo y camino se vuelven infinito.

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